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Reunión informativa sobre Cvitanich: sin respuestas

Ayer a la tarde noche en el Estadio, se llevó a cabo un encuentro entre algunos dirigentes y una buena cantidad de socios.
A los invitados por oficiales de cuentas se les sumaron muchos otros autoconvocados y referenciados a movimientos y agrupaciones relacionadas con la vida política del Club.
Lucía Barbuto y el vicepresidente Oscar Tucker, intentaron dar explicaciones sobre la salida inesperada del goleador.
En el tiempo que duró la reunión, se pudo saber, sobre todo, gracias a las intervenciones de Tucker, ya que la Presidenta no dio mayores precisiones, que a Cvitanich se le había firmado un contrato alto y con cláusulas que le permitían irse cuando quisiera en libertad de acción, luego de no haber sido vendido a River Plate cuando el club de Nuñez estaba interesado en él.
En un clima caldeado, se notó la ausencia del acostumbrado esquema para estos encuentros que tenía Spinosa, quien a sus conocimientos contables le sumaba presentaciones gráficas junto a un discurso preparado para la ocasión.
Es que además del ex Presidente, también se ausentó Carlos Carpaneto, encargado de esas cuestiones y por quien se preguntó, ya que ostenta el cargo de Director de Fútbol. Aparentemente está de vacaciones y por eso no concurrió al encuentro, ni estuvo durante los días conflictivos.
Entre discusiones sobre terminologías contables, normativas de la Súpeliga y el recuerdo de todos los ídolos que se fueron de mala manera, se soslayan análisis preocupantes; la preparación de la Presidenta para afrontar éstas tareas gestivas y comunicaciones pareciera no estar a la altura, ya que Tucker enfrenta tan solo todos los temas y debates, que no alcanza a explicar todo, y muchas veces se equivoca groseramente en conceptos, como que es deuda y que no, mientras trata de justificar todo y la Comisión Directiva pareciera no acompañarlo.
El último de los análisis es una interpelación a todo el mundo Banfield. ¿Priorizaremos siempre el bienestar de un futbolista admirado con tal de que las tribunas estén tranquilas por sobre el progreso institucional? ¿No será que tendremos que encontrar ídolos en nuevos referentes que vuelvan a hacer de la función dirigencial algo prestigioso y en pos de un club grande cómo lo hicieran Lencho y Valentín?
Esperemos que estos encuentros, por lo pronto, se conviertan en un ejercicio cotidiano para encontrar las respuestas que se necesitan.

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